MARNAY

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                                   Breve Biografía


Nacido en Santander, España, es un pintor de reconocida solvencia artística, que se dio a conocer con su primera exposición individual a mediados de la década de los años 70 y desde entonces no ha dejado de cosechar el crédito de crítica y público.


De exquisita sensibilidad lírica en el tratamiento de sus temas, ha mirado  a sus motivos con ternura y con ternura los ha expresado.


MARNAY  se expresa dentro de un impresionismo muy peculiar de sutiles modulaciones y suaves tonalidades, tendiendo a reflejar las impresiones más líricas del paisaje con especial predilección de los paisajes marítimos y cuales quiera otros en los que el agua resulte protagonista, haciendo un tratamiento muy personal de bajamares, playas, arenales y calles acariciadas por la lluvia, en los que usando colores muy atomizados crea una obra llena de sentimientos.


Pintor especialista en este difícil género marinista, cuya amplia y consolidada trayectoria artística es hoy reconocida nacional e internacionalmente.

Abordando otros temas, se ha adentrado igualmente con el mismo éxito, entre montañas y nevadas praderas . Su pincel se ha posado entre calles mojadas por la lluvia que hacían suyas luces y reflejos, carreteras donde éstas eran lo menos importante, y tantos otros temas siempre en busca de la soledad del momento, la paz y sosiego que el motivo al artista le proporciona, tratando de transmitir aquel sentimiento primigenio y la emoción que aquello que tenía delante de sus ojos le producía, intentando  a través de su obra  dejar un aroma que permanezca sobre el tema, una fragancia que inhalando profundamente deje un regusto que perdure en nuestro interior. 
Pintor que tratando de ser fiel a sí mismo, y ahondando en aquello que le rodea, siente o estimula, a huido siempre de convencionalismos o modismos.
Según  José Hierro,  uno de los mejores poetas de nuestras letras, “MARNAY pinta como un pintor que fuese poeta; o como un poeta que dominase la expresión plástica” – “es un gran narrador de arenales en la bajamar; arenales borrosos por la niebla, por la calima”- … el decía que en su pintura no hay anécdota, ni moralización social, sino simple llanamente, pintura, paisaje marino convertido “en estado de ánimo”.
De amplio currículum artístico cuenta con numerosas exposiciones individuales por toda España y extranjero: México, Nueva York, Lausanne, Londres, Dublín,  etc. y participado en diversas exposiciones colectivas, Premios y Ferias de Arte, a la vez que sus obras figuran en numerosos Museos, Ayuntamientos, Fundaciones y Entidades Públicas, así como en numerosas colecciones privadas de Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Suecia, Noruega, Austria, Suiza, Inglaterra, Irlanda, Italia, Uruguay, Guatemala, Chile, Costa Rica, México, Zimbabwe, EE.UU. Canadá, Portugal o España.
Figura en varias enciclopedias de Arte,  y diversas publicaciones especializadas se han ocupado de su obra.

                                    Acerca de su obra

Entre otros muchos, han escrito sobre su obra…….…


José Hierro:

MARNAY. Pintura “hija del septentrión”

UN CUADRO, dijo Maurice Denis, y lo hemos repetido todos miles de veces, antes de ser un caballo o una mujer desnuda es una superficie plana recubierta de colores y formas sometidos a un orden determinado. Lo que sucede -ahí está el quid del asunto- es que el pintor utiliza el cuadro como un puente entre la realidad – el tema – que lo originó y su resultado artístico. Cuando contempla su obra acabada reconstruye lo que fue su punto de partida; no ve, recuerda. Nosotros, los contempladores, nos quedamos en la hermosa piel plástica. Prescindimos -o tratamos de reconstruir,- la emoción inicial.

MARNAY – nombre de isla, lo que acentúa la dimensión mágica de su pintura – hace de ésta, de su pintura, no un punto de llegada, sino una referencia que nos permita volver hacia atrás, hasta volver al punto -el suyo- de partida. Así que, ante un cuadro suyo, experimentamos la sensación no de estar ante una arquitectura plástica, sino ante una ventana abierta al recuerdo, es decir, ante la realidad modificada por la emoción y la melancolía. Vemos lo que el vio. Sentimos lo que el sintió.

No se trata de pintura literaria o poética. Curiosamente, el pintor, cuando comenta sus creaciones, carga el acento, más sobre los elementos literarios o poéticos que sobre los estrictamente plásticos (desmintiendo a Denis). Los contempladores, por el contrario, comentamos la afinación -o desafinación- entre un amarillo Nápoles, un tierra de siena y un gris delicadamente malva. Si existe -o lo creemos- la desafinación, no nos es posible reconstruir la emoción inicial: no podemos creernos el cuadro.

MARNAY pinta como un pintor que fuese poeta; o como un poeta que dominase la expresión plástica. Quiero decir que todas sus referencias, alusiones, guiños de ojo que nos remiten a lo poético, son percibidas por nosotros, los espectadores, por su condición de hombre que domina – en la medida que ello es posible- la expresión plástica. Es un gran narrador de arenales en la bajamar; arenales borrosos por la niebla, por la calima. El los había visto cuando una figurillas, desvaídamente humanas, pescaban verigüetos, gurruñanas, muergos, amayuelas (¡Santo Dios, cuantas palabras ya casi olvidadas u oxidadas!). Pero no pretende recordarnos que “el marisco es caro”. Aquí no hay anécdota, ni moralización social, sino simple llanamente,  pintura, paisaje marino convertido “en un estado de ánimo”. Paisajes- aunque no sea realmente así, porque aún están ahí, al alcance de la mano de nuestro ojos -evocados por la memoria.

Detrás de MARNAY,  está Campuzano, con menos verismo decimonónico. Está Marquet, con menor rigor geométrico. Están tantos paisajistas contemporáneos que nos recordaron algo muy simple: que para ser verdadero hay que mentir; que hay que ser infiel a las apariencias para ser fiel a las esencias, a la realidad profunda, desnuda de anécdota.

Es una pintura, esta de MARNAY,  melancólica y sedante, que acompaña y no perturba con clarinazos fauves o expresionista. Pintura “hija del septentrión”, como entendía esto Amós de Escalante, pintura íntima, de cámara , que rechaza la gran orquesta y la grandilocuencia. Pintura que reitera los temas, pero que no repite ni se autoimita, porque en el mismo enfoque existen siempre diferencias de tono cuando el que mira lo hace con sorpresa, como si descubriese aquello que ya conocía.

Yo les invito a pasear -pies descalzos, ojos asombrados- estos arenales peinados por el viento, lamidos por las aguas. Paseen por ellos, antes que suba la marea y quede todo convertido  en una intensa llamarada azul.

José Hierro
Poeta


Antonio Martínez Cerezo:

”Marnay  practica una especie de impresionismo muy peculiar en el que valiéndose de colores muy atomizados va dando cuenta de ese rosario de interminables acontecimientos que es una playa: con sus arenales cubiertos o descubiertos , con sus pleamares y bajamares, con sus idas y venidas del elemento agua y del elemento tierra. Pintar a una los cuatros elementos es pasión de Marnay, a quien la paleta se le ha ido afortunadamente adelgazando para aliarse con el aliento lírico de la pincelada sabiamente administrada…

Su pintura, muy licuada, tiende a reflejar las impresiones más líricas del paisaje: el juego del sol sobre el agua y las arenas, y el juego de las mareas, que ocultan rocas y descubren cantiles. Pinta calladamente, sin hacer ruido, convencido de que en sus lienzos tiene cabida la belleza sin prisa conseguida “

Antonio Martínez Cerezo
Escritor, critio de Arte. De la Real Academia de S. Fernando


El Punto de las Artes:

“Marnay , un especialista en el difícil género de las “marinas”, cuya amplia y consolidada trayectoria es hoy reconocida en toda España, a la vez que sus obras figuran ya en numerosas colecciones públicas y privadas. De exquisita sensibilidad lírica en el tratamiento de sus temas, Marnay se expresa dentro de un figurativismo de sutiles modulaciones y suaves tonalidades tal y como viene siendo habitual en toda su producción artística. Con especial predilección por los paisajes marítimos y cualesquiera otros en los que el agua resulte protagonista, este pintor nos ofrece la recreación de una realidad que es tanto naturaleza humana, con espíritu abierto a la contemplación y a la mejora captación de cuanta belleza  puede ofrecernos. La marina es un género difícil, como difícil resultó siempre pintar el agua. Los óleos de Marnay parecen casi siempre acuarelas por la levedad del trazo y la aguanosidad que consigue con sus pigmentos aceitosos. Sin embargo, la serenidad y frescura de sus imágenes se prestan a este equívoco, impregnado de cierto regusto impresionista que siempre resulta una delicia contemplar.”

El Punto de Las Artes


J.A.Mellado:

“La exquisita sensibilidad de los óleos de Marnay se combina de forma equilibrada con cierto vigor en sus trazos, creando unas composiciones de profunda inspiración y de una melancolía evocadora. Porque partiendo de unos elementos sencillos consigue evocar, con ternura y delicadeza, el espíritu que irradia de la presencia, y a la vez ausencia, del mar. Sus pinturas trasmiten una convivencia y grata sensación de armonía, demostrando su maestría formal en la íntima y medida relación que establece entre los distintos planos que componen la imagen y en el empleo de facturas minuciosas y amplias, perfectamente contrastadas. La frescura del momento y la luz singular que tantas veces habrá observado el pintor, y sentido, al pisar las húmedas arenas de las playas santanderinas, son plasmadas en la tela, invitando a que el espectador haga lo mismo, y sienta lo mismo. Se trata por tanto de una obra en la que de manera implícita se invita a la participación, y donde el autor enseña cómo ha de verse un cuadro al facilitar el acceso a todo un mundo de sensaciones y sentimientos varios

J.A .Mellado
Crítico de arte


Félix Buisan:

“Marnay ha mirado a sus motivos con ternura y con ternura los ha expresado. Es un pintor que ha hecho de la atmósfera protagonista, consiguiendo a través de ella, con un tratamiento delicado de la mancha (es formidable el efecto neblinoso que consigue en sus obras), un elemento ambiental de primera magnitud. Si quisiera calificar la pintura de Marnay y con pocas palabras, diría que es la serenidad hecha remanso, la calma hecha caricia y la melancolía hecha ternura. Parte de la forma y la juega suavisimamente, para diluirla en ágiles esbozos, entre la realidad y la ensoñación. Sin estridencias, sin roturas; con un lirismo agudo que invita a contemplar y gustar mansamente, como se hace en el pasar transparente y sugeridor de las aguas de un manantial”

Félix Buisan
Escritor. Critico de Arte


Leopoldo Rodríguez Alcalde:

Hace mucho tiempo que MARNAY ama la tranquila luminosidad de la costa norteña. Siempre ha preferido para su pintura ese armonioso horizonte que se percibe y se despliega desde la larga superficie de la playa, desde la cándida extensión de la ribera; y, con lentitud de creador enamorado de su temática, ha perfilado cuadro tras cuadro, la imagen de un mar que se extiende majestuosamente bajo un cielo también majestuoso…

La infinita belleza de un eterno paisaje de tierra y mar queda captada con exactitud y con alegría, reflejada en una dilatada serie de matices sutiles, presididos por el indispensable sentido de la armonía cromática. MARNAY  se ha agregado a la nobilísima serie de marinistas cántabros aportando inspiración y reflexión, meditado sentido del color, firmeza de composición en estos penetrantes retratos de la mar tranquila y de la playa plateada.

Leopoldo Rodríguez Alcalde
Escritor. Crítico de Arte


Angel Cabo:

”La Naturaleza lo ha elegido como correo y es bien sabido que viaja a su lado la paleta, el alma de Marnay. Deteneos frente a alguno de estos cuadros, la línea horizontal os invitará a entrar, no temáis  caminar por ellos, calará en el ánimo la neblina y sólo el silencio seguirá vuestros pasos. Hallaréis tamizado por la calima del Norte el color y quizá a alguien, una figura que se pierda en la lejanía cercar del faro, saludad sin miedo, en ellos se junta tierra, cielo y mar. Basta escuchar sus lienzos para adivinar a Marnay, íntimo, poco amigo de multitudes, la pintura, una necesidad, una parte de sus ojos esmeralda contra corriente”

Angel Cabo
Escritor. Critico de Arte

 

 

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